Esa prótesis electrónica de nuestro brazo nos proporciona comunicación social, conocimiento y entretenimiento de una manera simple y rápida. Las ventajas que nos da provocan una gran dependencia, una adicción que en ocasiones interfiere negativamente en nuestras relaciones con otras personas o con nuestro entorno.
¿Quién no ha visto alguna vez una pareja sentada en una terraza y cada uno de ellos consultando abstraída su aparato, o un peatón cruzar una calle sin levantar la vista de la pantalla?
La dependencia es tan grande que el echo de olvidarlo en casa o quedarnos sin batería puede crear ansiedad. Se han creado programas de desintoxicación digital con el mismo patrón que siguen las clínicas de drogodependencias o alcoholismo. Algunas ciudades han instalado en sus calles semáforos peatonales en el suelo, para que, quien camina con la cabeza agachada pueda verlos. Los valores sociales han cambiado y ahora prima mostrar tu excitante vida a través de las redes sociales, enseñar al mundo lo que hacemos, aunque sea mentira. Somos menos productivos en el trabajo, derrochamos más tiempo en nuestro tiempo libre, desatendemos a nuestros amigos y familiares para comunicarnos a través de la red con quienes no nos conocen de verdad. Hay quien pone en peligro su vida o la de otros por atenderlo mientras conduce el coche o se arriesga a hacerse un selfie en sitios peligrosos.
Se nos olvida que hay otras formas de comunicarnos mas productivas y beneficiosas para todos.